Jockey Club (1919)
Taladrid se fue a ver a la presidenta de la Sociedad de Beneficencia de la Capital. Como principal argumento de convicción, además del artículo de “La Nación”, Taladrid esgrimió mi condición de huérfano que había sido amparado por esa Sociedad, la cual en cierto modo, estaba obligada a seguir dispensándome su protección. Al poco tiempo habían resuelto patrocinar una exposición de mis obras, que se realizaría en uno de los salones del Jockey Club. La aristocracia y el pueblo, alternaban en los salones alfombrados.