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Pasarela la Fraternidad
Corto documental. Integra el largometraje coral D-Humanos.

Corto documental de Fortunato Films, dirigido por Ulises Rosell y producido por Pablo Rey con la colaboración de Rumbo Sur. Es parte de un largo documental D-Humanos de Audiovisuales del Sur / INCAA realizado por 9 directores.

Revista Gazpacho 978, CCEBA
En la frontera lábil y poco vigiliada que une Clorinda y Asunción (Argentina-Paraguay) cientos de hombres cargan bolsas con contrabando hormiga, para sobrevivir por unos pocos pesos. Esto es lo que se ve. Pero por ese paso escueto y sobornado desfila de todo: niños, mujeres, drogas. Una frontera geopolítca que se convierte en frontera del delito.Un tránsito inhumano, enajenante y peligroso. Decenas de hombres, jóvenes y casi niños, esperan. Agrupados, esperan. Alrededores, plagados de galpones y comercios, lentamente abren sus puertas. Desde muy temprano, llegan en sus bicicletas desde los barrios periféricos de Clorinda o cruzan a pie desde Puerto Elsa (Nanawa, según los mapas), un caserío apilado sobre la ribera. Solos, con amigos, con un hijo, o con todos. Se acomodan a los bordes de la calle-embudo que lleva a la pasarela. Se agrupan, toman mate, juegan naipes, bromean. Se mezclan las conversaciones y los idiomas –castellano y guaraní–, las risas, la radio, las miradas y el silencio. Los pequeños puestos de una improvisada feria ofrecen frutas y verduras, alpargatas, desorodantes, especias… Mientras tanto, allá en el fondo, gendarmes y aduaneros, esperan. Se pasan las horas y nada pasa. Mi cámara captura el tiempo que no avanza. Cada tanto saco, pruebo, nada nuevo. Me acomodo en los bordes y cruzo palabras. Se conocen desde siempre. Son una suerte de casta. Ser pasero es una herencia de pesada carga. Día a día ocupados y desocupados permanentes. Por el fondo de la calle se ven llegar carros plagados de mercadería. Quizás vengan de uno de los tantos galpones, o quizás, de un camión recién llegado. Origen y destino no muy claros. Los paseros se acercan a un hombre que va organizando. Decenas de cajas y cuerpos prestos. La arpillera al piso, cuatro bolsas de papa, y se cierra el bulto. El hombre de carga, agacha la cabeza y dos compañeros, en un preciso envión, suben la condena –ciento treinta kilos– y el alivio –diez pesos– a sus hombros. Hombres, jóvenes y casi niños apuran el paso. Esas piernas quieren engañar tiempo y distancia. Aflojan ante la mirada aduanera –casi una formalidad–, siguen rápido y ya están sobre la pasarela fraterna. Puente internacional. Una precaria excusa de madera que separa Argentina y Paraguay. Debajo, un hilo de agua hace las veces de límite natural. Un poco más allá, entre plantas y pajonales, también se ve gente pasar. Ese contrabando es ilegal. ¿Cómo resistirse a las oportunidades que da la frontera? Los vecinos, uno a uno, llenan sus bolsitas gracias a la diferencia de cambio, en uno u otro lado, según convenga. Algunos mercaderes con el mismo criterio, al menudeo y con paseros, se dedican a exportar. Toneladas desagregadas en piadosas espaldas, agradecidas de yugar. Hasta ahí pareciera haber consenso, pero la frontera siempre tiene más: denuncias de trata, tráfico, droga y explotación sexual. Ya hace unos días que estoy y el que pregunta ya no soy yo. El malestar es oficial. ¿Sos de un noticiero? ¿Qué vas a mostrar? ¿Qué hacés acá? Parecía tierra de nadie, ¡qué iluso!, siempre hay alguien que se asegura de que nada nuevo pueda pasar. Paseros, contratistas, empresarios, instituciones, estado, todos son Clorinda, sin rencores, sin preguntas, sin memoria, dejan la carga y vuelta a empezar. Cada cual con su rol. Para ellos, los paseros, vivir es esperar.
Pablo Rey
http://www.cceba.org.ar/v3/pdf/revista_978.pdf

Dirección
Ulises Rosell

Producción general
Pablo José Rey

Fotografía
Guido De Paula

Sonido
Francisco Seoane

Edición
Laureano Rizzo

Música
Omar Villamayor

Foto fija
Pablo José Rey

Recursos: Corto documental, libro y muestra fotográfica.

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