Hice el viaje a Génova en el vapor “Conte Verde”. Lo primero que hice al llegar a Roma fue dedicarme a recorrer sus calles y sus museos. El embajador argentino en Roma, doctor Fernando Pérez, tomó a su cargo el padrinazgo de la exposición, que adquirió así cierto carácter o !cial. Pero sobre todo yo era un artista argentino, y ya se sabe lo que Argentina significa en Italia. Y eso tenía en contra la ortografía de mi apellido, pues ya no era Chinchella, sino Quinquela, que, pronunciado a la italiana, se convertía en Cuincuela. Pero por encima de estos detalles idiomáticos y patronímicos, yo era una argentino “ figlio” de italianos y eso fue suficiente para conquistarme la simpatía y la adhesión de todos, del rey abajo.