Nací el 1 de marzo de 1890. En rigor no estoy muy seguro de haber nacido en esa fecha, pues la verdad es que no lo recuerdo muy bien. Mi nacimiento se pierde en las sombras de lo desconocido y nunca me fue posible descubrir ese misterio de manera irrefutable. Lo único que pude saber y comprobar fue que el 21 de marzo de 1890 un niño de pocas semanas fue depositado en el torno de la Casa de Expósitos. Las hermanas de la Caridad que lo recogieron hallaron junto al niño un papel con estas palabras escritas con lápiz: “Este niño ha sido bautizado y se llama Benito Juan Martín”.
Justina y Manuel (1897)
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Una mañana de invierno, como se dice en las novelas de novelistas de oficio, el viejo se levantó más temprano que otros días y me despertó con esta invitación: —Vestite rápido, que tenés que vivir conmigo al puerto. Se trabajaba a destajo. Por cargar un carro de veinticinco o treinta bolsas se pagaban desde cincuenta centavos hasta un peso, pues la tarifa era materia de convenio particular entre cargadores y clientes, pero los precios oscilaban siempre entre cincuenta centavos y un peso por carrada. Cuando volvimos a casa, a la hora de comer, el viejo no me dijo nada; pero yo noté que estaba contento de mi comportamiento, porque antes de la sopa me sirvió un vaso de vino, y después de la comida me convidó con el primer cigarrillo.
La Boca era entonces el centro obrerista más agitado del país. Todos los obreros estaban agremiados. Tenían su correspondiente sociedad los estibadores, los carreros, los carpinteros de ribera y de obra blanca, que tenían sus diferencias entre ellos. Existían la Sociedad de Calafates, que eran muy amigos de las fiestas y de las huelgas, y la Sociedad de Caldereros, la más ruidosa y levantisca. Todas las sociedades convergían en una federación, donde sumaban sus esfuerzos para luchar por el mejoramiento social. Esas agrupaciones de obreros le dieron el primer triunfo electoral al partido Socialista de la Capital. Fue allá por el año 1904. Yo intervine en la propaganda de aquellas elecciones como pegador de carteles y distribuidor de volantes y manifiestos. Y en ellas triunfó el doctor Alfredo L. Palacios, que fue el primer diputado socialista argentino.