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Lo que más destaco de esta tradición es que, a pesar de la tragedia, los irlandeses protagonizan una épica de gloria.

Soy artista plástico y vivo en el barrio de La Boca. Atraído por el paisaje, los puentes, el puerto y los barcos, me apropié de esa temática para realizar lo principal de mi obra. Este tema de los barcos no está del todo desligado con lo de ser irlandés. Ser irlandés tiene que ver con muchas razones históricas, entre ellas la navegación, el exilio. Mi familia vino de Irlanda en 1835, y yo soy integrante de la quinta generación de siete, si contamos a mis sobrinos nietos.

Soy el mayor de siete hermanos. Mis hermanas asistieron, como era habitual, al Santa Brígida. Yo fui al Hurling Club y practiqué allí algo de rugby. Todos frecuentamos instituciones de la colectividad como la iglesia de la Santa Cruz, la comunidad Nazareth, el periódico The Southern Cross y el club Fahy.
Mis padres hablaban inglés entre ellos. De chico solía mezclar ambos idiomas, inglés y español. Mi apariencia y mi apellido me impedían olvidar mi herencia irlandesa. Sin embargo ser lo que soy significa también ser un argentino de quinta generación, lo que implica que uno lleva mucha historia encima. Irlanda es un país pequeño, pero importante simbólicamente, que atesora un
patrimonio cultural trascendente. Me gusta mucho la música y, sobre todo, la literatura irlandesa. Leí a Swift, Wilde, Joyce. Pero, al igual que mi padre, que era del mate amargo, el vino tinto y el asado, más que del whisky y el guiso irlandés, también valoro ser parte de esta construcción cultural tan rica y compleja que es la Argentina.

En mi familia, sobre todo en mis tías y tías abuelas, se percibía un espíritu belicoso respecto de la causa irlandesa. La lucha por la independencia y la reunificación era un tema muy presente. Ellas nos
transmitieron el idioma y la música irlandesa. En las multitudinarias reuniones familiares, mis hermanos y yo improvisábamos una especie de “función privada” que incluía canciones irlandesas. Habitualmenteme tocaba cantar “Molly Malone”. El legado más importante que nos dejaron fue el sentido de familia al estilo de un “clan”.

Lo que más destaco de esta tradición es que, a pesar de la tragedia, los irlandeses protagonizan una épica de gloria. Por eso, quizás, me llega tanto la frase de John Lennon: “yo no busco la fama, busco la
gloria”. Es un sentido de grandeza, no sólo por una hazaña notoria, sino en lo que uno hace diariamente.

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