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Soy comerciante textil, toda la vida me dedique a la industria textil. Esto viene de mi papá, que después del genocidio se cría en un hogar de chicos huérfanos, y ahí aparte de estudiar tenía que aprender un oficio.

Soy Armen por la familia y la colectividad, si alguien en la calle me llama Armen, me doy vuelta más contento porque es alguien que me conoce hace mucho tiempo. Así me decían en el barrio donde me crié. En la casa de mi familia teníamos un 100% de costumbres armenias, toda la vida hablamos en armenio. Igual en el barrio, si mi papá me llamaba en la calle decia: “hosiegur”, que significa “vení”. Se escuchaban los programas de radio de la colectividad y se tenía en cuenta la religión, respetar fechas clave e ir a las misas para honrar a los que ya no estaban. Las comidas también eran importantes, el dolmá, el lehmeyun, el shish kebab. De todas maneras mi madre también hacía comidas típicas de acá, milanesas con puré y esas cosas.

Soy comerciante textil, toda la vida me dedique a la industria textil. Esto viene de mi papá, que después del genocidio se cría en un hogar de chicos huérfanos, y ahí aparte de estudiar tenía que aprender un oficio. Mi viejo eligió sastre; cuando vino a la Argentina fue sastre y con el tiempo logró tener una fábrica de ropa para niños en Pompeya. Hace 30 años vivo en Lugano, porque mi mujer, también armenia, era del barrio. Hay muchos armenios en esta zona. Casualmente, en las anteriores elecciones me llamó la atención ver en el padrón tantos armenios. Hoy no tengo tanto contacto con la colectividad, aunque hace poco participé del recordatorio del periodista asesinado Hrant Dink, cada tanto voy a algún restaurant armenio, o a la iglesia armenia de la calle Patrón, en Villa Luro, donde se hace misa el primer domingo de cada mes.

Los recuerdos que más se hacen presente de lo armenio son de mi papá, a pesar de que mi mamá también era hija de armenios. Mi papá era venido de allá y era el que más costumbres armenias tenía. A veces pasa que hay gente de la colectividad que dice “no te juntes con este o con aquel porque no es armenio”, nosotros somos tres hijos varones y nunca nos dijo esas cosas, lo recuerdo mucho a mi papá.

Me acuerdo que una vez estaba en Uruguay escuchando una audición armenia muy conocida y el conductor decía que el armenio que tomaba mate no era armenio, y yo enseguida pensé ¿cómo puede ser que diga esto?, si mi viejo es armenio a full y se toma tres o cuatro pavas de mate por día”, así que vengo y se lo digo. Y mi viejo me dice, “mirá, vayas a donde vayas, si vos no tomás las costumbres del lugar vas a vivir infeliz, así que país a donde vayas toma la costumbre, acomodate un poco a ella sin perder las raíces; sino se te va a achicar mucho el mundo”.

© “Armenios en la Ciudad de Buenos Aires” de Carlos Iglesias –  Rumbo Sur, 2018.

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