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Alvaro Abos / Una foto de la infancia

ÁLVARO ABÓS
Buenos Aires (1941)

Esa fotografía fue tomada en 1953 a la salida de la Escuela Argentina Modelo donde yo estaba terminando la primaria, en Riobamba y Santa Fe. Estoy con mi madre, que un año después, por una enfermedad bastante rápida, falleció y cambió el eje de mi vida y el de mi familia. Me ha quedado de recuerdo esta fotografía. La sombra que se ve en la vereda debe ser la de mi padre con su cámara de cajón.

“Escritor me siento hoy, que estoy ya terminando el camino”

Me encontré con la escritura muy temprano y muy tarde. Las dos cosas son ciertas. Ya en la adolescencia me interesé mucho, pero me costó empezar a asumirme como escritor, pensar siquiera en publicar… Cuando tenía 30 años era como un principiante. Fui, en este aspecto, de desarrollo muy tardío. La vida es larga y en algo hay que entretenerse. Escribo porque me gusta, y luego, en el fondo, escribo porque leo. No hay ningún escritor que no sea un gran lector. La lectura y la escritura son dos caras de una misma moneda. Cuando leés un libro y te toca, decís “este me iluminó, algo me dejó”. Es esa extraordinaria magia que supone que alguien pueda entrete- nerte, hacerte salir de tu molde y decir “hoy me salió todo mal, hace calor, me dejó mi novia, pero tengo este libro… ¡me pongo a leer y chau!”. El que logra eso, de alguna manera, es un mago, sea Dostoievski o sea Juan Pérez. Si uno es tocado por eso cuando es chico, siendo más grande, uno piensa “y bueno, lo voy a intentar, ¿por qué no?”.

Firma Álvaro Abós

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