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RELATOS

WALTER GIORDANO Y LAURA DI MAGGIO

Walter, primer oficial de los Bomberos Voluntarios de La Boca, forma parte del cuerpo desde hace 17 años, y Laura, su pareja, es bombera desde hace más de 3. Cuando Walter entró, tenía 14 años. En esa época se podía entrar a partir de los 15 años, pero con él hicieron una excepción. “Mi bautismo de fuego real fue en 2003, con 18 años ya cumplidos: un incendio de un conventillo en la calle Necochea. Tuve la suerte de que, siendo un incendio declarado, yo era el segundo en antigüedad de la dotación, y salí al ataque, que es entrar al incendio con la manguera, junto al cabo primero que me recibió el día que llegué. Trabajamos ahí hasta que se hizo de día. No lo podía creer. Lo que me hizo quedarme fue el ser parte de algo, el ser alguien, el estar en un grupo humano que es maravilloso. Vengo de familia de camioneros y acá tengo 6 camiones para divertirme todos los días.”

Laura cuenta que desde chica siempre le interesó ayudar a la gente. Como guardavidas salva vidas en el agua, y como bombera, en el fuego. «Para ser bombero realmente te tiene que gustar, porque venís cansado de tu trabajo y dejás mucho de tu vida, de ver amigos y familiares. A veces la gente no entiende que estar acá es una vocación. Nosotros dos, al estar en lo mismo tenemos la ventaja de entendernos en eso como pareja.»

Los dos hablan de la gran pertenencia que sienten. Para ellos el cuartel de los Bomberos Voluntarios de La Boca es el mejor. “Los vecinos saben que estamos cuando nos necesitan, sea para rescatar a un gatito de la rama de un árbol o sacar un murciélago de una casa, saben que si nos llaman vamos. Son mis bomberos, de mi barrio, de mi cuadro, de mi todo. Para mí esto es Disney. Y la orden de prioridades que se nos da siempre es: la familia, el trabajo, los bomberos. O sea que por los bomberos no tenés que descuidar ninguna de las dos primeras. Acá te cuidan”, dice Walter, orgulloso. «Estando acá a todos les cambia la forma de pensar. Descubren cosas que antes no tenían: el compañerismo, ayudar a las personas», agrega Laura.

Entre los incendios que vivió en sus 17 años de experiencia, Walter recuerda Iron Mountain. «No tanto por el incendio sino por la cantidad de muertos. Todos conocidos y un amigo, bombero de Vuelta de Rocha. Fue un día negro; un día que no nos vamos a olvidar nunca. Sin embargo, nunca puse en duda mi permanencia en el cuartel. Una vez me preguntaron hasta cuándo iba a ser bombero. ‘Hasta el día que me muera, sea de la forma que sea.’ «

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